La Lengua

Dura lex, sed lex

12/23/2003

Neuf pot pourri


1.Por algún motivo que sencillamente está más allá de mi comprensión, casi todos los talleres de coche en Melilla ostentan un gran cartel que reza: Garage (sic). No les culpo. Si muchos profesionales de la escritura (escritores, periodistas, etc.) no saben escribir, no ha de saber un fabricante de carteles. El otro día, en un periódico online de la misma ciudad -en la que, por cierto, ya sabéis que vivo- leí algo así como: "En Melilla se pueden apreciar varios ejemplos arquitectónicos de la corriente aldecó" (por art deco). Ah, el centro de mi ciudad tiene una bella arquitectura, ya que hablamos del tema.

2.Hablando de profesionalidad: el otro día, en la radio -concretamente en la cadena SER- celebraron un concurso en el que los oyentes que llamaban tenían que responder a una sencilla pregunta para ganar no sé qué. La pregunta era: "¿A qué famosa película pertenece la frase: Tócala otra vez, Sam?". Por supuesto, todos los oyentes que llamaron mientras yo escuchaba el programa (y supongo que también los que llamaron después) respondieron de modo triunfante: Casablanca. Lo que no saben, por lo visto, ni los concursantes ni los que organizaron un concurso en torno a una tan famosa película, es que en Casablanca nunca se dice "Tócala otra vez, Sam", sino "Si ella puede aguantarlo, yo también. ¡Tócala!". ¿Y de dónde sale tal confusión? Pues de la película de Woody Allen Sueños de un seductor, y concretamente de su título original (Play it again, Sam). ¿Y qué tiene esto que ver con la Literatura, o con La Lengua? Nada, por supuesto. Es sólo un dato curioso, y para eso está Internet. Digo yo. El que no quiera un poco de culturilla, que encienda -o prenda, según su continente de origen- el televisor.

3.Permitidme otra cita más de mi admirado V. Nabokov: ...hay, por lo menos, tres temas absolutamente prohibidos para casi todos los editores norteamericanos. Los otros dos son: un casamiento entre negro y blanca, o viceversa, armonioso y feliz, que fructifique en montones de hijos y nietos, y el ateo total que lleva una vida feliz y útil y muere mientras duerme a los ciento seis años.

4.A través del blog de Rodolfo he llegado al de Priscila. Oh, mon dieu, pero qué agradable sorpresa, cuando uno ya no espera que las sorpresas puedan ser agradables. Inteligencia, humor, saber escribir, temas siempre curiosos... Visita obligada, y no olvidéis dejar en los Comentarios vuestros agradecimientos por haberos descubierto tan agradable bitácora (yo debería agradecérselo a Rodolfo, claro). No se debe nada. Bueno, un comentario sí, como ya he dicho.

5.Fui a la biblioteca, y me dispuse a tomar prestado algún libro que subsanase una de mis lagunas más vergonzosas: la filosofía. A nadie le da vergüenza, en ningún sitio, no saber filosofía, pero yo soy un tipo que se cree inteligente, y no es de recibo que no sepa replicar a una observación de quien sea sobre el dichoso mito de la caverna de Platón (el de anchas espaldas). Busqué y rebusqué en los estantes -Melilla tiene una biblioteca pública bien surtida- queriendo encontrar algún libro que no se titulase de forma tan explícita como Filosofía para ignorantes, Los pitagóricos para el estúpido contemporáneo, o cosas por el estilo. Al final, tomé prestado uno, firmado por varios profesores, que lleva por título Los filósofos y sus filosofías (tomo 1 de 6, creo). No vienen todos. He leído Parménides, Platón y estoy liado -entiéndaseme- con Aristóteles. Llegado a este punto, confieso que debí haber seguido buscando hasta dar con un manual para ignorantes. Si lo hubiese hecho, quizás habría quedado como un estúpido ante el trabajador de la bilioteca, pero al no hacerlo he confirmado tal adjetivo ante mí mismo, lo que es indudablemente más triste. Sigamos. Pedí a mi hermano Gonzalo -que lee a Aristóteles en su lengua original, el jodío- algo de ayuda, y me ha recomendado un manual que andaba por casa: Historia de la filosofía, de Julián Marías. Tiene bastantes años (perteneció a mi abuelo). Es una delicia. Un manual hecho para ignorantes como yo. Debí haber buscado antes en la biblioteca de mi casa.

6.Eufemismos estúpidos (y ya van... ni se sabe): descalificación. ¿Eso no era cuando te eliminaban en alguna competición? Ahora, en televisión, se usa como sinónimo de insulto. Deben considerar insulto una palabra malsonante. ¿Por qué? Y yo qué sé.

7.Mi lengua madre es el español -o castellano, como prefiráis-. Leo, escribo, entiendo y hablo el inglés bastante bien. Tengo conocimientos de latín, griego, tamazigt (lengua de los bereberes), noruego, alemán y portugués en distintos grados. Estoy intentando aprender francés, pero aún no sé si se me dará mal o bien. Lo digo para que seáis indulgentes con el título de este post.

8.Más visitantes ilustres: se ha pasado por aquí Valquiria. Echad un vistazo a su diario. Merece la pena, al menos para mí.

9.Ya me han felicitado las Navidades varias veces (gracias, Cristina, entre otras y otros). Siempre me cogen a destiempo, ya que no es Navidad aún y me pillan un poco desprevenido. Sé que es normal, ahora, felicitar la Navidad antes de tiempo, pero soy un viejo animal de costumbres y me cuesta habituarme. No soy de esas personas que odian la Navidad. No la siento como un hecho religioso, ya que yo mismo no lo soy (religioso, digo), y soy consciente de que actualmente es poco más que un desfile ingente de personas pudientes gastando a espuertas dinero ante las caras pasmadas de los que no tienen. Dicho en pocas palabras: la Navidad se ha convertido en una gran maniobra comercial. Pero en fin, por el mismo motivo habría que odiar la Literatura, la música, el cine de Hollywood, las campañas humanitarias que pretenden recaudar para los hambrientos del mundo dinero a través de las entidades bancarias o los refrescos gaseosos, las bodas, los bautizos, la felicidad misma, etc. Total, que este año me quiero adelantar yo también. Feliz Navidad a todo el mundo.

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