Hace unos años, en medio de una crisis vital -que no existencial- me dio por leer La Biblia. No fue una crisis religiosa, ya que no creo en Dios más o menos desde los dieciséis o diecisiete años, simplemente me dio por ahí. Desde entonces, siempre la leo en Navidad, aparte de consultas que suelo hacer a lo largo del año. Es un libro simplemente fascinante, muy profundo, muy cercano, lleno de hechos fantásticos, grandes tragedias, historias de amor... Lo recomiendo a todo el mundo. Me gusta más el Antiguo Testamento que el Nuevo. Aunque el personaje más interesante, a mi entender, de todo el libro, es Jesús. Pero se siente más cercano en el tiempo y en el concepto, y eso le resta algo de interés, quizá, para mí.
Indudablemente es el libro que más ha influido en la literatura occidental, con permiso de Homero. Leedlo. Leedlo, no os vais a arrepentir. Si no creéis en Dios, leedlo como obra literaria. Es muy entretenido. No voy a decir más, ya que no es posible hacer un comentario mínimamente profundo sobre un libro tan enorme. Ah, una recomendación: antes de cogerlo, libraos del sedimento de lo que significaba para vosotros, un tomo gordo, en papel malo, lomo rojo, que el cura quería que leyeseis. Leedlo porque queréis, y veréois como os engancha. Una cita para ir abriendo boca, del Cantar de los cantares:
Reciba yo un beso de su boca. Porque tus caricias son mejores que el vino. Fragantes como los más olorosos perfumes. Bálsamo derramado es tu nombre: por eso las doncellitas te quieren.
Atráeme en pos de ti. Corramos. El rey me ha introducido en sus habitaciones privadas; me alegraré en ti y alabaré tu amor más que los banquetes regios. ¡Cuán delicioso es amarte!
Negra soy, hijas de Jerusalén; pero soy bien parecida: soy como las tiendas de Cedar, como los pabellones de Salomón.
No reparéis en que soy morena; porque ha robado el sol mi color; los hijos de mi madre se declararon contra mí, y pusiéronme a guarda de viñas. Mi propia viña no la guardé.
¡Oh, tú, querido de mi alma!, dime dónde tienes los pastos, dónde el sesteadero al llegar el mediodía, para que no tenga yo que ir vagando tras los rebaños de tus compañeros.
Si lo ignoras, ¡oh hermosísima entre las mujeres!, sal afuera y ve siguiendo las huellas de los ganados, y guía tus cabritillos a pacer junto a las cabañas de los pastores.
El amante, por supuesto, es Yahveh; la doncella, el pueblo de Israel.

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