La Lengua

Dura lex, sed lex

11/26/2003

Pérdidas


Recojo el testigo de José C., que se me ha adelantado un par de días (se lo perdono porque cualquier cosa que él escriba es interesante, al menos para un servidor). La gente que no devuelve los libros.

Los libros son un algo curioso. Hay cosas que cuando las prestas, te preocupas mucho de que te las devuelvan: el coche, un vídeo-juego, una película, dinero. Con los libros no siempre pasa así. Y los motivos no son fáciles de adivinar, no creáis. Como dice José C., el que no te devuelvan un libro es una especie de halago intelectual: significa - normalmente - que el lector-ladronzuelo conecta intelectualmente contigo, que comparte tu sensibilidad. Lo malo es que yo por ahora no puedo hacer lo mismo que él, comprarme varios ejemplares de los libros que me gusten. Primero, por cuestiones económicas, y segundo, porque ya dije una vez que en esta bendita ciudad (Melilla) no es nada fácil conseguir un libro (a los asiduos, les informo de que aún espero a Lolita).

Puede haber razones más prácticas. Un libro se lee y si no se devuelve al instante, puede quedar olvidado en la biblioteca. De vez en cuando, buscando otro, te lo encuentras, y dices: tengo que devolver este libro a Zutano. Pero no lo vas a llamar solamente para eso, y como no tienes otro motivo, pues el libro se queda. Yo mismo tengo algún que otro libro pendiente de devolver. Algunos desde hace años (me viene a la mente Hojas de hierba, del poeta estadounidense Walt Withman; hace años que el que me lo prestó se trasladó a vivir a la Península). Quiero decir con esto que el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra. De todas formas, hay libros que uno agradece que no sean devueltos. Sin embargo, a mi Hamlet bilingüe, lo sigo echando mucho de menos.

Conclusión: a mí, que no tengo amigos delincuentes - al menos no demasiados - me molesta que no me devuelvan los libros. Pero sé que no se hace a posta. O eso espero.

(Que yo recuerde, espero que alguien me haga feliz devolviéndome el susodicho Hamlet; también me haría ilusión recuperar Ética para Amador, de Fernando Savater; la Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, de Michael Page y Robert Ingpen - libro formidable - fue recuperado inesperadamente hace unos años; mi Lolita lo doy por perdido, y como sabéis, lo he vuelto a comprar)

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