La Lengua

Dura lex, sed lex

11/30/2003

Pesadillas


Creo que lo he leído, pero si no es así, sigo estando seguro: la palabra pesadilla tiene referencia a las cenas pesadas. Cuando ceno y me acuesto sin que medie al menos una hora y algo más, suelo tener visitantes inesperados.

Hoy no ha sido así: de hecho me he acostado casi sin cenar (sólo una sopa), y bastante pronto. He puesto a reproducir la película En busca del arca perdida y me he acostado a verla; al poco tiempo me he quedado dormido como un lirón. Entonces he tenido la pesadilla.

En ella, estaba preparando la última función de la obra de marionetas de la que ya os hablé. El pase era a las ocho (en realidad han sido a las siete y media, pero una pesadilla donde impere la lógica, deja de hacer honor a su nombre). A las ocho en punto, con la sala medio llena de público, me doy cuenta de que se me han llevado los altavoces del equipo de música donde he de reproducir la banda sonora.

Envío a mis secuaces adolescentes a buscar los bafles, y voy yo mismo también, y tras un rato los encontramos. Intento acoplarlos al equipo de música, y mis herramientas han desaparecido. Menos mal que para los cables siempre está el recurso de usar unas tijeras: es lo que comienzo a hacer. Entre pitos y flautas dan las nueve. Algunas personas han subido donde estoy trabajando, impacientados por el retraso. Comienzo a pelar cables a la vista de todos. Son seis altavoces en total. Cuando he conectado dos, comienzo a gritar: "¡Traedme algún cedé para ir poniendo música mientras tanto!" Aparece un tipo con el que me peleé cuando iba al instituto (hace once años) y me pone un disco en las manos. Entonces descubro que el reproductor, donde he de poner el disco de la banda sonora, ha desaparecido.

Me levanto de la cama bañado en sudor (la película ha terminado) y voy a la cocina a comer algo. Es la una de la madrugada, y toda mi familia se ha acostado ya. Esto nunca sucede los sábados. Es lo que yo llamo una pesadilla completa: cuando al despertar la realidad también ha perdido algo de su lógica.

Siempre que sueño (ya sea sueño o pesadilla) olvido lo soñado a los pocos minutos. Por eso hoy me pongo al teclado a estas horas intempestivas, que diría más de uno.

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