La Lengua

Dura lex, sed lex

11/03/2003

Otros problemas


He comenzado hoy a dar clases de compensatoria en un Instituto de Secundaria aquí, en Melilla (el nivel escolar de los jóvenes melillenses, al menos de mis alumnos, es espantoso, es decir, produce espanto real). Son sólo dos horas por la tarde, que se unen al otro empleo-basura por el que por supuesto doy gracias a nuestros políticos (a los de ahora y a los de antes).

El caso es que cada vez dispongo de menos tiempo libre. Además, eso de libre ya sabemos que es, más que nada, un eufemismo estúpido, en fin... El caso es que procuro leer cuanto me es posible, y también escribo algo. Me gusta escribir en este diario, primero porque es posible que a alguien - aparte de a mí mismo - le entretenga, y tengo espíritu filantrópico. Por otro lado, me gusta la rutina que supone sentarme al ordenador y escribir al menos cuatro o cinco días a la semana: practico algo y además mantengo el cerebro algo activo. Bueno, todo esto para decir, simplemente, que quizás los posts se distancien algo en el tiempo, en contra de mi gusto, pero espero que no mucho.

Bien, pues vamos a hablar de Google, antes de que - previsiblemente - haya que teclear su dirección como www.microsoft.com/google (buscad la noticia por ahí, si es que aún no la habéis leído). A la derecha de la página principal hay un enlace titulado Herramientas del idioma. Desde ahí, mediante traductor informatizado podemos probar a traducir palabras, frases y páginas de Internet entre diversos idiomas, por ejemplo, el español, el inglés, el francés y el alemán. Una opción es escribir (o copiar y pegar) una dirección web en una de las cajas para que el traductor haga lo que le es propio con una página en concreto. Ejemplo: The Language. Otro día, con más tiempo, veremos las ventajas y los inconvenientes de los traductores automáticos.

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