Está lloviendo en Melilla. A mares. Hace lo que se suele llamar un día de perros.
La expresión alude al trato despiadado y desagradecido que solemos dar a unos animales sin los que seguramente no gozaríamos de una vida tan cómoda (me limito a hacer referencia a los perros policía, los que tiran de los trineos, los sanbernardos, los que buscan a los supervivientes bajo los escombros causados por un terremoto o simplemente, los perros de compañía). Parece ser que en días así ha sido costumbre secular expulsar a los animales bajo la intemperie. Puede ser que simplemente los perros sean los únicos que no buscan un refugio, o que no lo encuentran, cuando llueve. En inglés, como es conocido, se dice it's raining cats and dogs. Me resulta más difícil buscarle una explicación.
(Mi gata se ha asomado a la ventana y contempla la lluvia, parece bastante interesada. Creo que los gatos son más inteligentes que los perros, aunque me caigan bien ambas especies. Jamás he visto a un gato trabajar para nadie. Y mucho menos gratis)

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