La Lengua

Dura lex, sed lex

11/13/2003

Elegir el momento


Cuántos posts se pueden iniciar con este título, ¿verdad? Pero aquí se habla fundamentalmente de libros.

Hay veces que se inicia un libro y se es incapaz de continuar tras unas decenas o unos cientos de páginas. A menudo es porque el libro en cuestión es malo, en cuyo caso está totalmente justificado. Otras veces, simplemente ocurre. Y ya está.

Supongo que tiene que ver con los estados de ánimo, con el tiempo libre previsible en las semanas siguientes, con lo ajetreadas que tengamos las neuronas, qué sé yo.

Me ocurrió algo curioso con Iván el imbécil, de León Tolstoi: lo estaba disfrutando como un niño con un vídeo-juego de última generación, y un día lo solté y no he vuelto a cogerlo. Está en la pila de los "el-día-menos-pensado". Lo mismo puedo decir de Trópico de Capricornio, de Henry Miller. Cosas que pasan.

Fue distinto con La tía Tula, de Unamuno, Sonata de estío, de Valle-Inclán y Un asunto tenebroso, de Honoré de Balzac. A las pocas páginas de coger cada uno de ellos, me di cuenta de que no era el momento adecuado para leerlos. Y no me gusta leer forzado, como hice a veces, durante el extinto Bachillerato: es una forma muy tonta de perder mi tiempo y el del libro. De vez en cuando los abro y compruebo si el momento ha llegado. Ah... mala suerte. Pues otro día.

¡También pasa con las relecturas! Siempre procuro que uno de los cuatro o cinco libros que leo durante una época determinada sea una relectura de un libro que me haya gustado especialmente. Hace poco dejé El Aleph de Borges a la mitad, y lo sustituí por Una odisea espacial 2001, de Arthur C. Clarke. Como dice Mark Rowlands (comentado por P. Jorge), a los autores de ciencia-ficción se les lee a menudo más por las ideas que por la calidad literaria. Creo que en muchas ocasiones Clarke es una excepción (no por ausencia de ideas, sino por presencia de la Literatura).

Como dije al principio, hay libros que no se merecen ser terminados. Y esos, pues ni pienso comentarlos. Además, la mayoría de ellos no los recuerdo, aunque seguro que estoy vacunado: si caen otra vez en mis manos espero reconocerlos y desecharlos. Dicen por ahí que de todo libro, por malo que sea, se puede aprender algo. Bueno, no es el momento ni el lugar (quizás el lugar sí, pero el momento seguro que no) para ponerse a hablar sobre la veracidad de tal afirmación. Pero en siendo el tiempo de vida limitado, es mejor aprovecharlo leyendo un buen libro, comiendo castañas, yendo al cine o haciendo el amor que desperdiciarlo leyendo un libro malo. Para eso siempre hay tiempo.

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