¿Binario? No. Es el número de visitas recibidas la última vez que comprobé el contador.
A menudo he leído posts de gente que hace bitácoras, que se defienden de las críticas negativas argumentando que el diario lo escriben para ellos, así que al que no le guste, que no lo lea. ¡Yo no! Yo quiero tener un millón de amigos, como dice la canción. Cuantos más visitantes, mejor. Si lo que escribo fuese para mí, probablemente lo escribiría en un diario de papel y lo guardaría bajo la almohada (aunque si sólo escribiese para mí, seguramente terminaría no escribiendo nada, soy bastante vago).
Aproximadamente un diez por ciento (algo menos) de las visitas son mías, de cuando he tenido que probar el sistema de comentarios o el vínculo a las estadísticas, o los enlaces. No hay trampa. Entro al diario desde mi cuenta de administrador de Blogger, y compruebo los comentarios desde la página de Blogspeak. Actualmente sólo entro directamente a la bitácora cuando respondo a algún comentario. Desde aquí doy las gracias a los proveedores de ambos servicios gratuitos.
Quiero agradecer también a mis dos o tres lectores habituales por su fidelidad, y a las páginas que me tienen enlazado (al menos dos, pero ¡ojo!, páginas de calidad garantizada). También a los que, llegados a La Lengua a través de Google se han tomado unos minutos viendo los archivos. Y a un nuevo Visitante Ilustre, Rodolfo, autor de Hasta las pelotas, que al parecer se ha pasado por aquí alguna vez (y, por supuesto, a los que han llegado desde su diario).
Ya sé que este post es fantásticamente inútil, pero es que estoy contento de haber recibido más de mil visitas. Espero que sepáis perdonarme. Un saludo.

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