Dicen por ahí que son la salsa de la vida. Estoy relativamente de acuerdo: te mantienen alerta y vivo, mientras no se convierten en auténticos Problemas, con mayúscula. Entonces, vade retro.
1. A veces, algún conocido mío me pregunta por el significado de una palabra. En un porcentaje determinado de estas ocasiones, como es natural, lo desconozco. Entonces, de vez en cuando, me miran con cara de extrañados y preguntan: "¿Pero no eres filólogo?" He llegado a la conclusión de que mucha gente piensa que me he pasado cinco años en la universidad estudiando de memoria el diccionario de la RAE.
2. Una amiga mía trabaja en una librería (de las dos o tres que quedan en Melilla), y le encargué que me pidiese el libro Lolita, de Vladimir Nabokov. Consultó con su jefa, que le preguntó si sabía que su amigo le estaba encargando un libro erótico. Que alguien considere erótica la historia de la obsesión enfermiza de un profesor de cuarenta y tantos por su hija adoptiva de doce años, me parece simplemente repugnante. Aunque casi con seguridad, ella piensa que el pervertido soy yo.
3. Prefiero los libros en rústica a los de tapa dura. Son más pequeños, más manejables, y su bajo precio hace que no tenga reparos en tomar notas en sus márgenes.

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