Releo estos días La Regenta, de Leopoldo Alas, Clarín, y cada vez es más fascinante (aprovecho para aconsejar, como hizo Nabokov, y como hizo incluso el director de cine Kubrick, la relectura de los libros. Al respecto decía Kubrick que una buena película o un buen libro son como una buena sinfonía, no se pueden apreciar plenamente con una sola observación). Aunque el libro puede asustar al adolescente o al lector de best sellers, al que sabe apreciar atentamente la literatura seguro que le fascinará como a mí. Jamás en un libro he visto que un escritor cree un mundo tan completo y complejo, con sus propias normas sociales, naturales y psicológicas, perfectamente tejido, en que cualquier cosa que ocurre parece responder con precisión al sistema que lo rige. La edición que manejo, de Cátedra (en la colección Letras Hispánicas) es la que recomiendo: es, en una palabra, exhaustiva. Hay cientos, o puede que miles, de notas a pie de página, que de cualquier modo puede saltarse el que quiera (no lo aconsejo). En el estudio introductorio hay un epígrafe que se titula "La novela como totalidad". Pues eso es La Regenta.
Muchos autores y lectores modernos piensan que en literatura (o en cine, ya puestos) lo importante es lo que cuentas, y no cómo lo cuentes, y sigo estando en desacuerdo con tal afirmación. Todo el mundo sabe cómo acaba La Regenta; sin embargo, ello no le resta una pizca de interés. Parece mentira que hayan pasado casi ciento veinte años.

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