Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
Gerardo Diego
Es lógico (aunque no indiscutible) que quien más goce de fama de los de la Generación del 27 sea Federico García Lorca. Aunque su trágica y prematura muerte haya ayudado a hacerle más conocido, es indudable que poseía un talento extraordinario para el drama y el verso. Por desgracia, esto ha relegado a menudo a sus coetáneos a un segundo plano totalmente injusto. Aquí hay un ejemplo del genio de Gerardo Diego. Es extraño, sé que no debería ser así, pero a veces pasa que un pedazo de literatura me deja simplemente sin palabras...

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