De todos es sabido que el Poema de Mio Cid está escrito en versos que, aunque tienden a las dieciséis sílabas (divididos en dos hemistiquios de ocho), no observan una regularidad métrica nada rigurosa (creo recordar que hay versos de cinco sílabas y de veintitantos). ¿Era el autor (o los autores) del Mio Cid un versificador impotente? Desde luego que no. El anisosilabismo estaba suplido presumiblemente con la música del laúd que tañía el juglar de turno. Lo que diferencia la prosa del verso es el ritmo. Éste se ha conseguido a lo largo de milenios de diversas maneras: por ejemplo, el ritmo en la poesía latina se conseguía componiendo todos los versos con el mismo número de pies; en la poesía castellana, desde sus principios, con el isosilabismo y la rima; en la poesía moderna occidental, con complejos recursos estructurales, etc. En el caso del Mio Cid, por ejemplo, con la ayuda de la música. Lo que me da pie para recomendar a todo un poeta: Joan Manuel Serrat.
Seguro que habréis oído - y escuchado - decenas de sus canciones, pero hoy recomiendo, por encima de todas, las que componen los discos Miguel Hernández, Dedicado a Antonio Machado y el poema de León Felipe dedicado a Don Quijote al que Serrat presta voz en el disco Mediterráneo (Vencidos). Una gozada.

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